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Taller de Liderazgo, desarrollado gracias a la alianza con Analfe – Asociación Nacional de Fondos de Empleados

Por: Sergio A. Corredor G. MBA.

Comunicador Social.

Especialista en Gerencia de Marketing y Marketing Digital

Customer Experience Manager Certified by Strativity

Auditor Certificado Referencia Técnica 360 CX del Centro Nacional de Consultoría

www.sergiocorredor.com

Cel: 3132086131

El pasado 23 de septiembre en Bogotá tuve la oportunidad de acompañar a todo el equipo de líderes del Fondo de Empleados de Colsubsidio en un Taller de Liderazgo, desarrollado gracias a la alianza con Analfe – Asociación Nacional de Fondos de Empleados.
Fue una jornada orientada a fortalecer capacidades de liderazgo que impactan directamente no solo la gestión interna de los equipos, sino también la calidad del Servicio al Cliente y la experiencia que finalmente recibe cada persona que interactúa con la organización.
Porque el servicio no empieza únicamente cuando alguien atiende una llamada, responde una solicitud o recibe a un cliente.
Muchas veces empieza antes.
Empieza en la manera en que los líderes comunican prioridades.
En cómo acompañan a sus equipos.
En la claridad con la que definen responsabilidades.
En la forma en que manejan errores, dificultades y cambios.
Y, sobre todo, en el ejemplo que dan frente a comportamientos como la escucha, el cumplimiento, la orientación y el trabajo en equipo.
Por eso, fortalecer habilidades de liderazgo tiene un impacto directo en la Experiencia del Cliente.
Cuando un líder comunica mejor, el equipo trabaja con mayor claridad.
Cuando hace seguimiento de manera adecuada, disminuyen los vacíos y los reprocesos.
Cuando genera confianza, las personas se sienten más seguras para tomar decisiones y resolver.
Y cuando promueve coordinación entre áreas, el cliente recibe una experiencia mucho más coherente.
Durante la jornada trabajamos alrededor de una idea que considero fundamental:
los resultados de un equipo están profundamente relacionados con la forma en que ese equipo es liderado.
Y esos resultados no son únicamente internos.
También se reflejan hacia afuera.
Se reflejan en la rapidez con la que se responde.
En la calidad de una solución.
En la claridad de la información.
En la capacidad de anticiparse.
En la forma en que se maneja una situación difícil.
Y en la consistencia con la que diferentes personas representan a la organización frente al cliente.
Un equipo puede tener muy buena disposición, pero si no cuenta con dirección clara, criterios compartidos o acompañamiento, esa buena actitud puede no traducirse en una experiencia consistente.
Ahí es donde el liderazgo juega un papel determinante.
Los líderes ayudan a convertir principios generales de servicio en comportamientos concretos.
Por ejemplo:
Escuchar antes de responder.
Cumplir lo prometido.
Explicar con claridad.
Hacer seguimiento.
Coordinarse con otras áreas.
Asumir responsabilidad frente a una situación.
Y buscar soluciones en lugar de trasladar el problema.
Estos comportamientos no aparecen únicamente porque estén escritos en un manual.
Se fortalecen cuando el líder los modela, los conversa, los reconoce y hace seguimiento sobre ellos.
Por eso, liderazgo y servicio deberían verse como temas completamente conectados.
Un buen líder no solo mejora el desempeño del equipo.
También mejora la forma en que ese equipo impacta al cliente.
Otro aspecto importante es la comunicación.
Muchos problemas de servicio tienen su origen dentro de la organización.
Información incompleta.
Responsabilidades poco claras.
Falta de coordinación.
Prioridades distintas entre áreas.
Compromisos que no fueron confirmados.
Decisiones que no se comunicaron oportunamente.
Todo eso termina llegando al cliente de alguna manera.
Por eso, cuando desarrollamos líderes capaces de comunicar mejor, también estamos trabajando indirectamente sobre el servicio.
Un líder que logra traducir los objetivos de la organización en prioridades claras ayuda a que el equipo entienda qué es realmente importante.
Un líder que sabe entregar retroalimentación puede corregir comportamientos antes de que se conviertan en problemas recurrentes.
Un líder que escucha puede identificar obstáculos que están afectando la capacidad del equipo para servir.
Y un líder que acompaña puede ayudar a resolver situaciones antes de que terminen escalando hasta el cliente.
También está el tema de la toma de decisiones.
En servicio al cliente, muchas situaciones requieren criterio.
No todo puede estar previsto.
No todos los clientes necesitan exactamente lo mismo.
No todos los problemas se resuelven siguiendo una única fórmula.
Por eso, el equipo necesita líderes que desarrollen autonomía responsable.
Que ayuden a las personas a entender hasta dónde pueden decidir.
Cuándo deben escalar.
Qué criterios deberían considerar.
Y cómo proteger al mismo tiempo la experiencia del cliente y los intereses de la organización.
Eso también fortalece la Gestión Comercial y de Clientes.
Porque una relación comercial sólida necesita algo más que una buena venta.
Necesita coherencia en todo el recorrido.
Necesita que lo prometido por un área pueda ser cumplido por otra.
Necesita información consistente.
Necesita seguimiento.
Y necesita equipos capaces de responder con claridad y criterio.
Ahí vuelve a aparecer el liderazgo.
Muchas veces hablamos de mejorar el servicio mirando únicamente a las personas que están directamente frente al cliente.
Pero también deberíamos mirar a quienes lideran esas personas.
¿Qué mensajes están reforzando?
¿Qué comportamientos están premiando?
¿Qué nivel de acompañamiento están ofreciendo?
¿Qué tanta claridad existe sobre lo que significa un buen servicio?
¿Qué tan rápido se interviene cuando aparece un problema repetitivo?
Estas preguntas son fundamentales.
Porque la cultura de servicio también se construye desde el liderazgo.
Si un líder prioriza únicamente velocidad, probablemente el equipo buscará responder rápido, aunque la respuesta no sea suficientemente clara.
Si únicamente se valoran los resultados comerciales, el seguimiento posterior puede perder importancia.
Pero cuando los líderes integran resultados, personas y experiencia del cliente, el equipo empieza a trabajar desde una visión mucho más completa.
Por eso, desarrollar habilidades de liderazgo también implica fortalecer la capacidad de una organización para generar mejores experiencias.
No es un tema separado.
Es parte del mismo sistema.
Mejores líderes pueden generar equipos más coordinados.
Equipos más coordinados pueden responder mejor.
Mejores respuestas generan mayor confianza.
Y una mayor confianza fortalece las relaciones con los clientes.
Durante este taller también fue importante crear espacios para revisar la forma en que cada líder puede impactar la experiencia desde su propio rol.
No todos atienden directamente clientes.
Pero todos pueden influir en la calidad del servicio.
Desde la forma en que gestionan prioridades.
Desde cómo facilitan recursos.
Desde cómo resuelven obstáculos internos.
Desde cómo apoyan a quienes sí están frente al cliente.
Por eso, el liderazgo también tiene una dimensión de servicio interno.
Las áreas se sirven entre sí.
Y esa experiencia interna termina reflejándose hacia afuera.
Cuando existen fricciones permanentes dentro de la organización, el cliente termina sintiéndolas.
Cuando existe colaboración, claridad y sentido de equipo, también termina percibiéndolo.
Agradezco al Fondo de Empleados de Colsubsidio por la participación, la apertura y la disposición de todo su equipo de líderes durante esta jornada.
Y agradezco a Analfe – Asociación Nacional de Fondos de Empleados por seguir generando espacios de formación que permiten fortalecer capacidades fundamentales para las organizaciones y para el sector.
Cada experiencia como esta reafirma algo que considero esencial:
fortalecer el liderazgo también es fortalecer el servicio al cliente.
Porque detrás de una buena experiencia casi siempre existe un equipo bien orientado.
Y detrás de un equipo bien orientado normalmente existen líderes capaces de comunicar, acompañar, desarrollar personas y convertir principios en comportamientos.
Seguimos trabajando en el desarrollo de líderes que conecten estrategia, personas, ejecución y cliente.
Líderes capaces de generar mejores conversaciones.
Mejor coordinación.
Mayor claridad.
Y equipos más preparados para servir.
Porque al final, mejores líderes también ayudan a construir mejores experiencias para los clientes.
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